Seleccione idioma:

Noticias

28 de enero: Día Mundial por la Reducción de las Emisiones de CO2

NI UNA MANO ATRÁS:

 ¡A SEMBRAR ÁRBOLES SE DIJO!

Esta es la consigna. El mandato bíblico de los nuevos tiempos es sembrar y sembrar árboles. Esto no da espera. Precisamente hoy, cuando se conmemora el Día Mundial por la Reducción de las Emisiones de CO2 es pertinente reflexionar sobre lo que esto significa y las acciones positivas que cada persona debe emprender.

Para empezar, recordemos el papel importantísimo de la fotosíntesis o función clorofílica: un proceso químico por el cual la materia  inorgánica se convierte en materia orgánica, gracias a la energía que aporta la luz. El fitoplancton oceánico y la vegetación terrestre son los que se encargan de este proceso. Sin ellos no hay paraíso: son los que fijan el CO2 atmosférico en forma de materia orgánica y liberan oxígeno a la atmósfera.                                                                         

A menudo se habla del CO2 como un compuesto dañino y nocivo para la salud cuando por sí solo no lo es: es un compuesto esencial para el ciclo biológico de las plantas y cosechas, y por lo tanto, altamente beneficioso y necesario para la vida en nuestro planeta. A este ciclo biológico donde participa el CO2 se le denomina ciclo del carbono. El problema surge cuando se dan altas concentraciones que superan los niveles permitidos. Un ejemplo: hacia mediados del siglo XVIII, la concentración de CO2 en la Atmósfera era de unas 280 partes por millón (0,028%) y a principios del siglo XXI alcanza los 370 ppmv (0,037%). A esto se suma la concentración de gases de efectos invernadero (GEI) en la atmósfera: vapor de agua, CO2, ozono troposférico y metano. Un coctel de gases que tiene la capacidad de alterar el clima de la Tierra.

Reducir el efecto de estos gases es la tarea inaplazable. Las funciones que prestan el fitoplancton oceánico y la vegetación terrestre para fijar el CO2, están siendo sobrepasadas por la forma acelerada en que trabajan los generadores de contaminación: la industrialización y el consumo desaforado,  la deforestación, la producción a base de combustibles fósiles y las prácticas culturales irrespetuosas con el medioambiente, y un largo etcétera de atropellos contra el hábitat natural de nuestras especies de flora y fauna.

Los pasos a seguir para tratar de revertir esta situación, es ayudarle a la naturaleza a hacer efectiva su labor, no hay otra: si hay una relación directa entre masa vegetal y reducción de la contaminación, pues hagamos la tarea más grata y menos costosa que tenemos literalmente a mano, que es sembrar árboles.

Pensemos por un momento lo bien que la pasaremos saliendo en grupo con nuestros amigos, familiares y vecinos, o en equipo con nuestros compañeros de trabajo, para sembrar árboles en los cerros de nuestra ciudad o en la cabecera de un río; un lote urbano donde se arroja basura puede ser también un objetivo ecológico.

Si queremos también prevenir deforestaciones pues no hay nada mejor que abandonar para siempre costumbres que ayudan a acabar con los árboles. ¿Ha pensado usted, lo que significa ir a un restaurante campestre y pedir sancocho de gallina en leña? Esa gallina que usted se come con papas y ají ha sido cocinada en un fogón que se alimenta con ramas gruesas que le arrancaron a un hermoso mango o incluso talando por completo un huerto. Si usted utiliza papel periódico para limpiar los vidrios de las ventanas, déjese de eso. Mejor entregue ese papel al recolector que pasa por su casa para que  sea objeto de reciclaje.

SIEMPRE RECUERDE:

A MAYOR MASA FORESTAL, MAYOR PODER DE REDUCCIÓN DE LAS EMISIONES DE CO2

 

                                                                        Hay muchas maneras de colaborar para aumentar y preservar la masa vegetal. No seamos parte del problema.