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17 DE MAYO: DIA MUNDIAL DEL RECICLAJE

El gran reto de nuestra cultura: El reciclaje como estilo de vida

Fuente de la foto/ https://www.etapainfantil.com/wp-content/uploads/2019/03/reciclaje-700x467.jpg

La UNESCO estableció esta fecha con el objetivo de llamar la atención sobre la necesidad de Reducir, Reutilizar y Reciclar para no contribuir al cambio climático y proteger el entorno. En la actualidad existe suficiente divulgación a nivel de medios como para que la gente desconozca lo que es el reciclaje, incluso desde las escuelas a los niños se les imparten nociones de educación ambiental con la finalidad de que entren de lleno en el circuito de estas tres erres. La foto de este artículo lo dic todo.

Desafortunadamente hay cosas que cuesta trabajo convertir en costumbre, y una de ellas es reciclar. Basta con leer estas cifras: en Colombia se generan aproximadamente 11,6 millones de toneladas de residuos sólidos al año. De estos, cerca de 40% podrían aprovecharse, pero según la Misión de Crecimiento Verde del Departamento Nacional de Planeación (DNP), solamente se recicla alrededor de 17%.

Los factores que inciden en este pobrísimo resultado son múltiples: desde la pereza en los hogares para hacer una adecuada selección de los residuos, o la falta de disponibilidad de redes domiciliarias para recoger los residuos, o la falta de estímulos para adoptar buenas prácticas ambientales, o la socorrida excusa de que los otros lo harán mejor,  o es la inercia del gobierno, o la ineptitud de nuestros alcaldes para imponer las políticas públicas de respeto al medioambiente, o es culpa de los de arriba que son los que más compran cosas innecesarias, hasta llegar a la que sí es el moño de todas las excusas: no hay tal cambio climático, eso es un cuento chino.

La realidad es que estas cifras de tan bajo aprovechamiento de los residuos sólidos que los colombianos  año tras año botamos, solo manifiestan que algo muy grave nos está ocurriendo, pues la pregunta de fondo es muy simple: ¿Esto que no reciclamos, una cifra bárbara, 4.640.000 toneladas/año a dónde va a parar? Y de allí se desprenden más preguntas: ¿Quién se hace cargo de estos residuos? ¿Dónde se descomponen y cuánto tarda ese proceso? ¿Ese lugar está sellado o abierto, representa un peligro para quienes viven cerca? ¿Cuándo el lugar está a tope que ya no cabe nada más, qué pasa? ¿Los ciudadanos pagamos por esa especie de escondite tenebroso? ¿Si yo exijo que ese sitio se acabe alguien me escucha? ¿Si lo digo me pueden acusar de ir contra el orden establecido? ¿Los residuos sólidos son de verdad una amenaza?

Mejor no hacernos más preguntas, al fin y al cabo nuestras ciudades son precisamente los sitios donde esos residuos sólidos se depositan, y probablemente cuando el botadero y la escombrera se llenen pues el alcalde habilita otro sitio y cuando este no dé más se habilita otro vertedero y otro alcalde y así hasta que la basura nos ahogue con sus nefastas consecuencias: deterioro de la calidad de vida, enfermedades, virus (Dios mío, otra pandemia), falta de agua, desvalorización de predios (¿quién querrá vivir al lado de basureros?) y más impuestos pues las autoridades dirán que está costando muchísimo conseguir botaderos también por fuera de la ciudad; mejor no seguir con la lista pues no hará falta (todo el mundo se habrá ido).

En su sano juicio nadie quiere que esto pase, entonces, en este presente que todavía sirve para  modificar el rumbo de nosotros como sociedad, el reto es muy simple: reducir, reutilizar y reciclar. No hay otra salida.

Y la salida es muy buena: si la ponemos en práctica nos llevará a un mundo mejor. Literalmente estamos salvando el futuro de las generaciones por venir. Tomemos hoy la decisión de ser parte de ese selecto club de salvavidas. Un orgullo. Repensar nuestro estilo de vida es la consigna.

No está lejos el día en que para ser elegible a un empleo  al entrevistado se  le exija el certificado de buenas prácticas ambientales. El orgullo de tener ese carnet hará la diferencia.