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3 DE JULIO: DIA INTERNACIONAL LIBRE DE BOLSAS DE PLÁSTICO

Una costumbre diaria que nos salva a todos

Fuente de la imagen: https://cdn.pixabay.com/photo/2018/05/30/09/58/pollution-3441119__340.jpg

La celebración del DÍA INTERNACIONAL LIBRE DE BOLSAS DE PLÁSTICO debe su razón de ser a los 500 billones de bolsas que se consumen en el mundo al año y que no se desaparecen por arte de magia: en algún lugar se quedan depositadas causando daño. De preferencia quedan en los mares del mundo

Si a alguien esta cifra le parece desproporcionada le basta echar una ojeada a nuestras casas, oficinas, restaurantes, farmacias o supermercados para darnos cuenta de que en todas partes está la bolsa esperando a su cargador, aparte de que no hay sitio donde no existan cosas plástico.

El plástico ha encontrado acomodo en la vida diaria de  los habitantes del mundo, ya sea como envase de comidas o de champú, detergentes, biberones, pañales desechables, juguete, recubrimiento de cables, y un larguísimo etcétera. Nada hay en el mundo libre de plástico.

Una señora ama de casa, digamos Anne Smith, habitante de California en los años cincuenta, no vislumbraba que la vida de sus nietas y nietos iba a ser  atormentada por algo que  para ella era en esa época una comodidad. La forma como el plástico ha invadido y prácticamente contaminado todo, está atada a la expresión más barata del polietileno: la bolsa plástica. La producción masiva de bolsas para empacar a diario todo lo que llevamos o traemos, compramos o botamos, recibimos o regalamos, es el punto de desencuentro de nosotros como sociedad con el planeta que estamos obligados a cuidar.

Nada habla mal de nuestro compromiso con la Tierra como estar usando bolsas plásticas de una forma irresponsable. Cuando ellas salen de nuestras manos la naturaleza literalmente padece: millones de toneladas de plástico caen a diario en los océanos. Se calcula que cada segundo reciben 200 kilos de plástico,  afectando la vida de las especies marinas. Todos nos hemos condolido cuando hemos visto tortugas y delfines muertos por la ingesta de plástico. Un caso que se ha vuelto común. Y es aún más aterrador saber que en los océanos del planeta existen 7 islas de plástico, las llamadas  “garbage patch” que se definen como vertederos flotantes de residuos y escombros que al acumularse quedan atrapados en vórtices acuáticos durante años. Dos de ellas son de un tamaño que sobrepasa el tamaño de Italia y España. Este  plástico en los mares se mezcla y fusiona con el plancton que es lo que permite regenerar la vida en los océanos. Todas las especies que viven del plancton se afectan: ballenas, tortugas, aves marinas, peces, etc. Y también nosotros que somos el último eslabón de la cadena alimenticia: nosotros nos comemos los peces que están infectados de plástico.

Un estudio  realizado por la Universidad de Newcastle (Australia), calculó que la cantidad de plásticos que ingerimos a la semana equivalente al tamaño de una tarjeta de crédito. Esto pone de presente que nos estamos intoxicando y que ese riesgo toxicológico puede degenerar en nuevas patologías que nos harán vulnerables a ciertas enfermedades, y a virus. No nos extrañe si se descubre que esta toxicidad haya ayudado a que estemos menos fortalecidos y  más expuestos a los efectos letales de la actual pandemia causada por el  COVID 19.

Todos estos males causados por nuestro estilo de vida nos deben llevar a rectificar el modelo de vida que estamos reproduciendo. No al plástico es hoy la consigna. Por lo menos al de un solo uso. Ya hay países que han adoptado medidas contra el uso de las bolsas plásticas de un solo uso, por ejemplo Panamá, Chile y México las tienen totalmente prohibidas; Inglaterra y Francia no solo prohíben el uso de las bolsas plásticas sino también el uso de platos y cubiertos de plástico y micro-esferas en cosmética (Las micro-esferas de plástico son las minúsculas partículas de plástico que contienen algunos productos cosméticos, como pastas de dientes o geles de ducha). Colombia solo tiene una prohibición parcial que fue expedida en 2016 con la Ley 668 del 28 de abril, la cual reglamenta el uso racional de las bolsas plásticas. La medida empezó a ser aplicada a partir de 2017 y desde entonces se han visto avances en la reducción del consumo en supermercados y establecimientos de régimen común. Pero esto no basta, hay que ahondar en la medida e imponer una prohibición definitiva.

¿Cómo cada uno de nosotros puede ayudar a revertir esta calamidad? 

La forma más sencilla es reemplazar la bolsa plástica por una talega de tela que podemos adoptar como una costumbre, igual que se lleva en el bolso el lápiz labial, o llevar en la maleta junto a portátil, o en el auto, en la moto o en la bici. UNA COSTUMBRE DIARIA QUE NOS SALVA A TODOS.

Otra manera de ayudar, es eliminar la compra de agua embotellada. Mantengamos un envase permanente en el cual empaquemos agua del chorro para llevar al gimnasio o al parque cuando vayamos a hacer ejercicio. Es deplorable ver en nuestros parques botellas de plástico arrojadas en el césped junto con la bolsa de plástico en que la hemos llevado. El  agua de nuestra ciudad está bien tratada, es innecesario comprar un plástico con agua y además empacado en otro plástico. Esto se llama consumo responsable. Y debe aplicarse con otros utensilios.

Una lectura recomendada: el libro Moby-Duck del periodista norteamericano Donovan Hohn. Un libro  que nos ayudará a entender el mundo en que vivimos con sus problemas en los que estamos literalmente naufragando en mares de plástico.