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6 de noviembre: Día para la Prevención de la Explotación del Medio Ambiente en la Guerra y los Conflictos Armados

 

LA FIEBRE QUE TIENE AL PLANETA EN CUIDADOS INTENSIVOS

Esta fecha es un llamado de la ONU para recordarnos que el medioambiente es otra víctima de la guerra: en una guerra no solo mueren personas y se destruyen ciudades y aldeas, también perecen los árboles, los ríos, los animales, las selvas, los bosques, el aire no desaparece pero si su pureza por los estragos de bombardeos, y ni hablar de la destrucción de ecosistemas que a diferencia de ciudades que se pueden volver a reconstruir en diez o veinte años, estos en cambio tardan siglos o a veces nunca cuando los daños son irreversibles. 

Ahora mismo el paneta, especialmente Suramérica, vive bajo la amenaza soterrada (una palabra que refleja literalmente lo que pasa) de conflictos con origen en la explotación del oro. Una fiebre que tiene revuelto el lecho de ríos y metido bajo socavones a millares de personas, a la vez que arrasa con bosques y selvas, acaba con los ríos y pone en riesgo el abastecimiento de millones de personas en el mundo.

Cali es ahora mismo una espectadora pasiva de esta tragedia. Los habitantes probablemente estamos a las puertas de tomar agua contaminada de mercurio y en un futuro no muy lejano quedarnos sin ella por culpa de la minería ilegal que se ha tomado el Parque Natural Nacional de los Farallones: 206.770 hectáreas que son el hábitat de 109 especies de mamíferos, 300 especies de aves, 63 de reptiles y 40 de anfibios, y donde nacen más de treinta ríos que abastecen el suroccidente colombiano. Hay un conflicto en ciernes que no sabemos a qué nivel escalará: la defensa de los recursos que nos proveen de agua tarde que temprano  movilizará a las autoridades y a otros sectores comunitarios a liberar el parque de los grupos de delincuencia organizada que son ahora mismo poderosos por los apoyos que reciben de otras mafias. Se dice que en los socavones de los Farallones de Cali hay una población que equivale a una comuna de Cali.

Por lo pronto, la defensa de nuestros hermosos Farallones ha cobrado la vida de líderes ambientales y sociales como Jaime Monge Hamman y Jorge Enrique Oramas quienes desde sus espacios comunitarios se oponían a esta indebida explotación.

Lo que ocurre en esta reserva bien puede ser tomado como un referente de lo que es la gestación de un conflicto que arrasará con uno de los ecosistemas más bellos del mundo. Pero hay más conflictos armados relacionados con el oro: los hay  en Antioquia, Chocó, Nariño y Cauca que dejan profundas huellas socio-ambientales: deforestación, humedales secos y deterioro del hábitat que retroalimenta la vida de las comunidades.

En otras palabras: el oro trae pobreza para muchos y riqueza para unos pocos. Y el daño en la biodiversidad  para todos. 

La reflexión que suscita esta situación conduce a hacernos esta pregunta: ¿Qué está haciendo el Estado colombiano para garantizar que la preservación del medio ambiente forme parte de las estrategias para la prevención de conflictos y para el mantenimiento de la paz y su consolidación, y de esta forma atender lo que pide la ONU? La realidad es que hay mucha retórica pero poca acción. Lo que debe hacer es empezar por el principio: construir una política minera que nunca pierda de vista la preservación del medioambiente, y que tenga elementos que frenen la inversión y desarrollo de proyectos en territorios de vocación agrícola. Es que como dice doña Marujita,  maestra de primaria en una escuela rural: «Niños, una cadena de oro no calma la sed ni se puede comer». 

En otros países también se dan estos fenómenos de destrucción de ecosistemas para desarrollar proyectos de empresas, en su mayoría multinacionales, que cuentan con el favorecimiento legislativo del Estado. Este otro caso al otro lado del planeta ilustra lo anterior:

 

BOSQUES DE TAILANDIA: QUEMA Y DESTRUCCIÓN DEL HABITAT DE ORANGUTANES

 

Una orangutana y su cría caminan por un bosque quemado en 2019 en Indonesia. Foto: AFP Recuperada de de:

https://www.eltiempo.com/files/article_main/uploads/2020/10/26/5f97362e06982.jpeg

 

La Redacción Medioambiente del periódico El Tiempo con base en información aportada por la ONG  Greenpeace,  publicó en su portal web el pasado 26 de octubre el artículo: «La palma de aceite está dejando sin hogar a los orangutanes en Indonesia», un informe que alarma y conmueve, todo a la vez, acerca de la destrucción del hábitat  de estos animales. Este artículo puede ser consultado en: https://www.eltiempo.com/vida/medio-ambiente/palma-de-aceite-esta-dejando-sin-hogar-a-los-orangutanes-en-indonesia-545428. 

 

La imagen que vemos ilustra no solo el drama de los animales sino «también el fracaso total del gobierno de Indonesia para proteger los bosques y las turberas de la quema» como se dice en este artículo.  

 

La pregunta obvia es: ¿Quién está detrás de las quemas de bosques y turberas? Basta leer lo que se dice en el informe para saber la respuesta: gobierno y multinacionales de palma de aceite y pulpa. El primero legisla para favorecer a los segundos con la falaz idea de que al aligerar de trabas a la inversión extranjera se crearán 3 millones de empleos para la gente joven que es la que tiene la tasa más alta de desocupación.

 

PEREZOSO DE LOS BOSQUES DE CHOCÓ Y AMAZONIA

 

Fuente de la imagen: https://i.ytimg.com/vi/g84asJsXS-U/hqdefault.jpg

 

Nuestros perezosos, esas hermosas hamacas peludas que se ven colgada de árboles en los bosques del Chocó o la Amazonia, también están viviendo el mismo drama: se están quedando sin su hábitat natural por culpa de la minería ilegal.

 

Los conflictos armados que tienen su epicentro en territorios donde se da una explotación abusiva de los recursos naturales nos recuerdan que frenar las causas objetivas que los originan es la mejor  forma de cuidar la naturaleza y asegurar una paz duradera. Pensemos en mujeres con sus hijos en brazo atravesando una tierra yerma y solitaria alumbrada por el resplandor de los incendios. Una foto que no es del futuro: en  Brasil o el cercano Chocó ya fue tomada.

 

La deforestación o la desaparición de humedales por la acción del hombre no es un cuento, es una triste realidad que no queda impune. Quizás la naturaleza reacciona de formas que aún desconocemos,  y quien sabe a futuro cuán peores serán. 

 

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