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29 de abril: Día del árbol

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Todos los días deben ser días del árbol, igual que todos los días deben ser días de la madre o del padre: los árboles son nuestros aliados para superar los efectos devastadores del cambio climático.

RAÍZ Y SOSTÉN DE LA VIDA

DÍADELARBOL

Las consecuencias que deja el invierno en nuestro país son siempre las mismas: crecientes de ríos que inundan pueblos, cosechas arrasadas y semovientes ahogados, deslaves, carreteras bloqueadas por derrumbes, atascos en las vías por árboles caídos, personas entre el barro, colectores de aguas lluvias repletos de muebles viejos y cachivaches, sumideros desbordados por la basura, y ni hablar de los cortes de energía por culpa de los postes caídos y los transformadores colapsados. Y las fotos son las mismas: hombres paleando el lodazal, mujeres salvando sus enseres, niños llorando por el hambre y el frío en albergues improvisados, cuadrillas de obreros abriendo paso en carreteras, y los alcaldes posando junto al techo desplomado de una escuela al tiempo que transmiten el mismo parte de tranquilidad de cada año: “Esto no se repetirá el próximo año pues vamos a destinar recursos para un ambicioso plan de manejo ambiental que irá al fondo del problema…bla…bla…bla”.

Una declaración de intenciones que igual la manifiesta el alcalde de Bogotá, el de Cali o el de Barranquilla o de pueblos pequeñitos como Riofrío o Totoró. La democratización del discurso nunca es más patente.

Ante este panorama que se repite de año en año, o más bien que nunca nos abandona, solo cabe preguntarse: ¿Es que las soluciones de fondo son tan difíciles de encontrar e implementar? ¿En otros países el invierno es apenas un chaparrón fugaz que no causa estragos? La respuesta es NO para las dos preguntas: ni las soluciones son de física cuántica ni hay inviernos benignos o levemente moderados.

Precisamente hoy en el Día del Árbol es cuando mejor nos viene responder estas preguntas; por más vueltas que demos, encontraremos que el árbol es la respuesta.

Empecemos por reconocer algunos beneficios de los árboles:

  • Oxigenan el aire y también lo limpian de dióxido carbónico: una acacia bien frondosa de 6 metros de altura absorbe 2 toneladas de dióxido al año. Si hablamos de 10 acacias sembradas en una calle serán 20 toneladas y si un parque tiene 20 árboles adultos nos barrerá 40 toneladas al año. Miles de árboles a las orillas de los ríos impiden que el terreno ceda y se lo lleve el río en las crecidas. En Cali sabemos mucho de esto: el río Palo, tributario del Cauca, es un río desforestado que padece los estragos de la minería ilegal, así que cuando viene el invierno el Palo vuelca en el río Cauca toneladas de lodos, restos de empalizadas, basuras, etc. EMCALI justifica los cortes de agua con el argumento de que se deben parar máquinas en la planta de Puerto Mallarino por todo el material de arrastre que trae el Cauca. A la gente le extraña que esto ocurra en temporada de muchas lluvias. Pero es verdad. Recuperar el río Palo con un plan de manejo ambiental debe ser un objetivo a largo plazo.
  • Contribuyen a preservar las fuentes de agua: los árboles retienen el agua en el suelo y permiten que se filtre hacia los acuíferos subterráneos.
  • Protegen los suelos: los árboles mantienen el suelo en su sitio. Las raíces son un útil entramado de cables fuertes que le dan adherencia al suelo, y las ramas con su follaje de cara al viento y la lluvia le bajan la velocidad a la caída del agua; así el impacto en el suelo es mucho menor y la ladera se mantiene en pie. Si tenemos lomas peladas el riesgo de desprendimientos de corteza es mayor.
  • Reducen los efectos del cambio climático: los bosques estimulan las lluvias que les permiten crecer; si esos bosques son grandes más agua evaporan y más lluvia reciben. En esto el árbol es una fuente productora de agua inigualable.
  • Los bosques de árboles son el hábitat de miles de especies de plantas, aves, mamíferos, reptiles y anfibios. Su deterioro afecta la supervivencia de ellas. Si Colombia perdiera sus bosques, la Tierra se quedaría sin uno de los cinco lugares en el mundo de mayor biodiversidad.

En estos cinco beneficios encontramos parte de la solución a nuestras penurias invernales: proteger las cuencas de los ríos, preservar los bosques, reconstruir la vegetación de las zonas de ladera, impedir los asentamientos humanos a las orillas de los ríos y reasentar a los existentes en zonas menos vulnerables, sensibilizar a la ciudadanía acerca de la importancia de hacer un adecuado manejo de los residuos sólidos, reciclar las basuras, y sobre todo, crear conciencia de la importancia de los árboles como raíz y sostén de la vida en la Tierra.

Todos los días deben ser días del árbol, igual que todos los días deben ser días de la madre o del padre: los árboles son nuestros aliados para superar los efectos devastadores del cambio climático.

Volvamos a convertir el bosque en el lugar sagrado que debe ser. En la remota antigüedad muchísimos pueblos, en especial los de origen celta, tuvieron el bosque como templo. Igual de sagrado fue para los aqueos de la Acaya. Allí, bajo las copas de las encinas invocaban a sus dioses, hacían reuniones para tratar asuntos comunitarios y administrar justicia.

El alcalde Jorge Iván Ospina con todo su gabinete, deberían probar a debatir los problemas de Cali sentados bajo un chiminango: a la vista de la divinidad y de la muchedumbre de caleños que los observarían, poco margen les quedaría para andarse por las ramas. Ganaríamos todos.  

Ahora repasemos las dos fotos que acompañan este artículo: un árbol de copa imponente, y una roca volcánica que semeja un árbol. El uno está vivo y el otro está muerto. Bajo el primero bien pudo sentarse Ulises a pedir consejo en su viaje de regreso a Itaca, en el segundo los turistas van y toman fotos pero nadie se queda en aquel arenal ni pide consejo alguno y menos sabiduría. Y deberían hacerlo. Como están las cosas, ese árbol de roca en un desierto puede ser la prefiguración de un futuro muerto: sin bosques, sin árboles, sin agua, sin seres vivientes y Dios indeciso si coger nuevamente barro para formar un hombre.

En un mundo tan vulnerable a la acción de las fuerzas que el mismo hombre ha desatado, es un buen plan sembrar árboles. Necesitamos árboles, millones de árboles. Recordemos la inquietante frase del escritor finlandés Markku Envall:

Los árboles permanecen intactos si tú te vas. Pero tú no, en caso de que se vayan ellos.

Amigo(a)s, así es la cosa: los árboles no nos pueden dejar.

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