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NUESTRO ENTORNO: una responsabilidad compartida

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Esta foto de una playa en el Pacífico colombiano, exactamente en la población de Ladrilleros (Valle del Cauca),  la hemos mostrado a una docena de personas para hacer una encuesta: ¿A usted  qué le inspira ver este paisaje? Exceptuando una sola persona, las demás coincidieron en decir que  dan ganas de estar  allí, estirarse sobre la arena, tomar sol y pasar unos días de comunión con la naturaleza, en el más absoluto relax. Al ser preguntadas sobre lo que más les conmueve de este paisaje, señalaron como causa principal  el atractivo de un paisaje  silvestre, descubrir un entorno natural para desconectarse  del frenético agite urbano, y especialmente, un lugar libre de ruido y basura.  

Estas razones así expuestas sirven para  llamar la atención acerca de lo sensible que es el ser humano frente a la belleza y pureza de su entorno. Vivir en ambientes donde la naturaleza se palpe en todo su esplendor, digamos en estado puro,  es un privilegio para quienes pueden habitar o viajar a lugares remotos donde la industrialización ni siquiera es una probabilidad,  pero no es el caso de nosotros que debemos permanecer casi todo el tiempo en ciudades industrializadas y con alto tráfico, y con posibilidades cada vez más ciertas de que el ambiente se deteriore. A diario, porque ya forma parte de la cotidianidad, el ciudadano del siglo XXI debe lidiar con la trinidad maldita conformada por la polución, el ruido y la basura.

Resumiendo, nos enfrentamos a dos preguntas que deben concitar el interés de autoridades, comunidades y de cada persona en particular: ¿Es necesario aceptar esta situación como algo inevitable? ¿Y qué podemos hacer para cambiarla?

Desde luego que podemos rechazar esta situación. Por lo tanto, tener conciencia de la importancia de un entorno limpio es el primer paso. El segundo: reconocer que cada ser humano está llamado a velar por su entorno, que esta no es una tarea de animales o plantas; y tercer paso: la suma de cada esfuerzo individual salvará al planeta. Esta misión corre por cuenta de los seres humanos, no es tarea de fuerzas sobrenaturales. El premio de todo este esfuerzo no es poca cosa: es el disfrute de un planeta más favorable con todo género de vida, digno de ser heredado por las generaciones que nos sucederán.

Bien, la tarea debe empezar ahora mismo. Si cada uno de nosotros se compromete con una acción positiva desde lo más simple y la convierte en una práctica diaria, estaremos avanzando por la senda correcta.

Por ejemplo, las siguientes tareas son fáciles, con cero o muy bajo costo:

  • Seleccionar los residuos sólidos desde la fuente: adoptar la costumbre de no mezclar material orgánico con cartón, plástico o vidrio, y ponerlo en bolsas separadas.
  • No arrojar basura en calles, parques, ríos, sitios públicos.
  • Evitar el plástico: tomar la costumbre de llevar siempre una bolsa de tela para las compras en el super; nunca en la playa dejar basura y menos envases de plástico.
  • Crear conciencia en los niños de la importancia de cuidar el entorno.
  • Aprender a reciclar y reutilizar materiales.
  • Mantener libres de basura los canales y colectores de aguas lluvia.
  • Promover la siembra de árboles.
  • No desperdiciar agua ni energía.
  • Evitar el uso de aerosoles.
  • Apoyar campañas y proyectos que ayuden a la preservación del medio ambiente.

En estas diez sencillas tareas están implícitos los tres componentes de un cambio que genera efectos de gran impacto: tomar conciencia, prevenir y colaborar. Precisamente, para no quedarnos  en la toma de conciencia sin asumir un papel más activo, SANAMBIENTE  quiere este año apoyar una campaña  de limpieza ambiental, de tal manera que hacemos una invitación a nuestros lectores para que nos envíen propuestas en este tema. Pueden tener la seguridad de que se escogerá aquella que mejor cumpla con los criterios de selección. No queremos que la foto de arriba termine convertida en esto:

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Notas: Foto tomada de www.colombia.com