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ANIMALES SILVESTRES EN LA CASA: UNA PRÁCTICA QUE ATENTA CONTRA LA BIODIVERSIDAD

Parece una obviedad que las especies silvestres no se deben alojar en casa como si fueran mascotas; no sólo por la dificultad de adaptación que tienen cuando son sacados de su entorno natural, sino también por todo lo que significa como atentado a la biodiversidad del planeta; la biodiversidad es la que asegura todo el andamiaje en que está montado el ser humano como especie reina del planeta: economía, alimentación, salud, cultura.

Las dos siguentes fotografías fueron tomadas de un portal en Google dedicado a fotos de guacamayas. Dos fotos muy ilustrativas de lo que significa tener a un aimal silvestre como mascota y, más en este caso, cuando la guacamaya es una especie en extinción.

 

                                                                                   

Fotos tomadas del portal de Google: Imágenes de guacamayas 

 

La Foto 1, si bien es curiosa, si se quiere graciosa, y a lo mejor concite la estimación de muchas personas que pueden sentirse tocadas por el fervor de alguien que quiere a su mascota,  no deja de ser un llamado a repensar el papel del ser humano frente a los animales. Si pudiéramos saber lo que piensa la guacamaya fotografiada, sería muy aleccionador acerca de su condición de cautiva; tal vez nos dijera que no es una persona, así el durmiente de la foto sea de otra opinión.

La Foto 2 es otra cosa. Hiere la sensibilidad del lector, tanto por lo que  muestra como por lo que no oculta, y que se puede entrever en la escenografía: la lora muerta ha sido arrojada junto a una papelera porque no cupo dentro de ella. Presumimos que después, papelera y lora,  serán sacadas a la calle para que el  carro de la basura las recoja. Es decir que este hermoso animal terminó compartiendo el mismo destino de las sobras de comida o del papel higiénico. La foto 1 por lo menos tiene algo de humanidad, quizás en dosis excesiva, que también es malo para el animal.

 Dejando de lado la obviedad mencionada al principio, volvamos al tema de fondo: el cambio climático y su autor intelectual, el ser humano, son la gran amenaza contra la biodiversidad del planeta. En la medida en que se disparen la industrialización y el consumo desenfrenado de la sociedad humana, aumentará la contaminación y en consecuencia se elevará  la  temperatura de la tierra, generando unos efectos desastrosos.

Una de cada seis especies desaparecerá, según se desprende de los últimos estudios sobre el tema, especialmente el que realizó el biólogo investigador Mark Urban de la Universidad de Connecticut, y que fue citado por la revista SCIENCE en su edición del 30 de abril de 2015.  Urban dio otros datos: el desastre   no es parejo para todo el mundo. Atérrense, Sudamérica por tener un gran componente de especies endémicas a las que les es más difícil adaptarse a cambios en el medioambiente, es la región del mundo donde este riesgo es más alto: 23%; seguida de Australia y Nueva Zelanda con 14%; luego están Europa, 6% y Norteamérica, 5%.

Este panorama tan desolador puede ser modificado si los gobiernos y los entes supranacionales, asumen un papel activo en la defensa del planeta, imponiendo medidas que limiten las emisiones de gases invernaderos, y se adopten planes de conservación para salvar a las especies amenazadas.

Ya pasó el tiempo de ser pasivos frente a toda esta amenaza, debemos entender que la sociedad ha elevado su nivel de exigencia respecto a la responsabilidad con la que cada uno de nosotros debe actuar: el planeta se está acabando como hábitat de todos nosotros, y esto no da espera.  Empecemos por hacer cosas de sentido común, una de ellas, por ejemplo, no adoptar como mascotas a los animales silvestres o exóticos, esta práctica dispara el tráfico de especies y va cotribuyendo a su extinción: el dinero que se paga por un mico del Putumayo  o una pava de monte, ayuda a desforestar un bosque. Un ejemplo: para atrapar a los micos, hay que talar los árboles donde están protegidos. Una práctica horrorosa que hace unos meses nos mostró el programa Los Informantes del canal Caracol TV. Cualquier persona que se crea digna de llamarse PERSONA, es decir que entre sus muchos atributos, tenga el de reconocer a los animales como compañeros de morada en este planeta, debió sentirse afrentada.

El mensaje es claro: nunca debemos  comprar animales exóticos para luego tenerlos presos en nuestras casas; no ayudemos al mercado ilegal del tráfico de especies, tanto animales como vegetales; no seamos cómplices de la destrucción del hábitat de los animales y las plantas. Unos y otros nos necesitamos para sobrevivir.